16 de marzo de 2010

30 de enero de 2010

Reflexiones de un árbol solitario.

Balanceo tras balanceo; así paso la vida. Nunca he conseguido sacar nada en claro, nunca sé porque. Lo que quiero decir en realidad es: ¿porqué nunca nadie me cuenta nada? No será por falta de proximidad eso seguro, estoy tan cerca que casi son parte de mi; son como mis propias hojas si las tuviera, son como mis propios frutos si los produgera. ¿pero es que les cuesta tanto? A veces pasan días, semanas junto a mi y lo único que hacen es no decir nada. Pienso que a lo mejor es precisamente mi proximidad lo que les hace estar tan callados, es posible que mi cercania les cohiba, pero eso no tiene mucho sentido, al fin y al cabo soy tan sólo un árbol ¿de qué tienen miedo? A caso ¿sienten vergüenza cuando estan cerca de mi? Ciertamente tanto mutismo me tiene hastiado. La verdad hay veces que no aguanto más y me agito, muevo mis ramas con fuerza para llamar su atención pero aun así no consigo nada, sólo más balanceos. Es como para volverse loco. En serio, muchas veces siento ganas de matarlos a todos pero eso no es posible porque no se puede matar a alguien dos veces. ¡Qué rabia! A ver si empizan a buscarse otro árbol.

11 de noviembre de 2009

Microrelato IV

El relincho de un caballo rompió el silencio reinante. Allí estabamos nosotros dispuestos a todo, dispuestos a dar la vida si era necesario. De repente, la tierra comenzó a temblar, era un temblor leve pero continuo. Ha llegado la hora. El temible y desconocido invasor se acerca. A lo lejos empezamos a divisar una espesa polvareda provocada por aquellos horribles monstruos de acero. Cuando apenas mediaba un kilometro entre ellos y nosotros, aquellas bestias comenzaron a escupir fuego por sus horribles bocas alargadas. Cada vez resultaba más dificil sostener a los caballos y ante la inminencia del fin, nuestro valeroso capitán dio la voz de ataque. Todos los jinetes apretamos las espuelas y arrancamos como un solo caballero, formando una masa que se precipitaba a todo velocidad sobre el extranjero invasor. La carrera fue frenética, a mi alrededor muchos jinetes y sus caballos eran derribados y literalmente despedazados por el fuego de las bestias increibles, cuando llegamos hasta ellas pronto nos dimos cuenta que de poco iba a servir nuestro ataque, pues aquellas criaturas se llevaban por delante jinetes y caballos sin miramientos. Fue una auténtica carnicería. Sobrevivimos pocos, nuestra caballería, formada por valerosos caballeros de tradición, fue totalmente aniquilada, destruyendo así las esperanzas de un pueblo entero. Al día siguiente Alemania se anexionaba nuestra querida Polonia.

3 de noviembre de 2009

Microrelato III

Estuve pensando que pensaba, sin pensar que pensar en que pensaba, resultaba ser en sí mismo el pensamiento. Después de un buen rato lo dejé, me dolía la cabeza.

21 de octubre de 2009

Microrelato II

"Era se una vez que fueron felices y comieron perdices"

19 de octubre de 2009

Me aficioné a los microrelatos

Así que ahí va uno, a ver que tal.

Entre en aquel garito. Me dirigí a la barra y pedí lo de siempre. Como siempre durante ese minuto que va desde que pedí hasta que me trajeron lo pedido, miré distraidamente a mi alrededor. Distraidamente, percibí la presencia, al otro extremo de la barra, de un cliente, un hombre algo mayor que yo. Nunca me suelen llamar la atención los clientes de aquél bar, pero este si lo hizo. Me resultaba extrañamente familiar. Sus gestos, su manera de sostener la copa.. Estuve observándolo durante unos minutos sin que él advirtiera que lo estaba haciendo, es curioso pero ese hombre me recuerda sorprendentemente a mí. No le dí mayor importancia. Me puse a leer el periódico.

- ¿qué te debo? - dijo por fin el cliente.
- ¿Esa voz? - pensé mientras levantaba la vista del periódico disimiludamente.

El hombre sacó una billetera, relamente curiosa.

- ¡¡Corcho, si es igual que la mía!! - me dije a mi mismo.

Mientras el camarero le traía las vueltas, sacó un cigarrillo, curioso la misma marca que yo y se lo encendió con un encendedor tipo Zippo, ¿a que no te lo imaginas? Igualito que el mío.

- Oye, esto me mosquea. Demasiadas coincidencias - en mi interior empezaba a tener una extraña sensación. ¿no seré yo mismo pero dentro de unos años?

El hombre cogió su cambio y mientras abandonaba el local, dando una profunda calada a su cigarrillo me miró y me soltó:

- Nos vemos dentro de unos años - y me guiñó un ojo.

Me quedé helado mirando fijamente hacia la puerta, sin salir de mi asombro miré mi copa medio llena unos segundos.

- Tengo que dejar la bebida.

8 de octubre de 2009

Vaca

En los verdes prados, paciendo tan tranquila. Muge cual vaca que es, muge de felicidad la vaca frisona, muge tal cual. Podría decirse que es una vaca vulgar y de hecho así es: soy una Bos taurus -diría ella. Pero aun siendo vulgar soy una vaca feliz